¿Erasmus en Liubliana? La sorpresa verde de Europa que no esperaba
Sentado en un coqueto café a orillas del río Ljubljanica, con la imponente silueta del castillo dominando el horizonte, repasaba mis apuntes de Urbanismo Sostenible. Hace casi un año, cuando presenté mi solicitud Erasmus, Liubliana era solo una de las opciones "menos conocidas" de mi lista. Ahora, mientras la pequeña barca turística se deslizaba bajo el Puente de los Dragones, sé que fue la mejor decisión.
Mi primer impacto al llegar a Liubliana, una ciudad que a menudo pasa desapercibida frente a destinos más ruidosos, fue su increíble quietud y su compromiso con el medio ambiente. En 2016, fue elegida Capital Verde Europea por la Comisión Europea, y es algo que se siente en cada rincón. Recuerdo cómo, en mi primera semana, participé en una limpieza de parques organizada por ESN Ljubljana, y me di cuenta de que la sostenibilidad no es solo una etiqueta aquí. La ciudad tiene un centro histórico peatonal, más de 542 metros cuadrados de zonas verdes por habitante y una impresionante red de transporte público y carriles bici, lo que facilita mucho la vida sin coche.
Antes de venir, mis amigos de Erasmus me hablaban de Polonia, Hungría o República Checa como los destinos más económicos. Liubliana no es tan barata como Cracovia o Budapest, pero su calidad de vida y coste son muy competitivos. Según datos de Numbeo, el coste general de vida en Liubliana es aproximadamente un 30-40% inferior al de Madrid o Barcelona, especialmente en alquiler y transporte. Mi piso compartido, cerca de la Universidad, cuesta unos 250 euros al mes, y un bono de transporte mensual para estudiantes no supera los 20 euros. Esto me ha permitido viajar por el país (¡el lago Bled es una maravilla!) y probar la excelente gastronomía local, sin pasar apuros. Eso sí, la inflación ha subido un poco los precios del supermercado en el último año, algo a tener en cuenta.
La Universidad de Liubliana es la más grande de Eslovenia y tiene una gran población estudiantil, lo que se traduce en una vida nocturna vibrante —aunque a pequeña escala— y multitud de eventos organizados. Hay más cafeterías de especialidad de las que esperaba y siempre puedes encontrar algo que hacer, ya sea un concierto, una proyección de cine al aire libre o una caminata por los Alpes Julianos. Lo que más valoro es la cercanía de la gente. Los eslovenos son un poco reservados al principio, pero una vez que te abres, son increíblemente amables y dispuestos a ayudar. De hecho, mi mentor de ESN, Anže, se ha convertido en uno de mis mejores amigos aquí. He mejorado mi inglés y he picado un poco de esloveno, aunque reconozco que es un idioma difícil. Pero es parte de la aventura, ¿no?
Volviendo a casa, sé que llevaré conmigo no solo los conocimientos académicos, sino la experiencia de haber vivido en una ciudad que ha sabido combinar modernidad y naturaleza, y que me ha demostrado que no siempre los destinos más famosos son los que más te llenan. Liubliana, sin duda, ha sido mi sorpresa verde de Europa.